Resistencia al cambio
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Un enemigo invisible
Cuando nos resistimos al cambio estamos evidenciando estar en una zona de confort que nos atrapa, nos gratifica, y de la cual no queremos salir.
Probar nuevos métodos, reinventarse lleva implícito un reto y también una posibilidad de fracaso. Es por ello que es muy común no querer modificar nada al recibir resultados medios, hasta mediocres. ¿Es eso lo que quiero ser, un mediocre?, debería preguntarme.
El miedo a lo nuevo, a lo que vendrá, nos congela muchas veces en métodos que pasan a ser obsoletos y no dan el mismo resultado. Todo es un continuo devenir, como lo decía Heráclito, y en esa transformación constante de la sociedad, las tecnologías y las personas es cuando peligra nuestro bien guardado secreto. Ese tan ansiado y logrado 'Know how' que se oxida como un trozo de metal viejo, si no lo actualizamos. Lejos de sumar empieza a restar en nuestro desempeño.
¿Qué debemos hacer en ese momento crítico? Reinventarnos, adaptarnos, usar el pensamiento lateral, probar otros enfoques. La economía es dinámica y lo que sucede en las culturas, las idiosincrasias también muta. En esta globalización cada vez más marcada se produce una mistura, un crisol que nos puede excluir como protagonistas si no modificamos nuestras conductas o estrategias comerciales, laborales, etc.
Sucede también en la aviación: ¿Qué hubiera pasado si el viejo piloto se hubiera quedado atado al instrumento analógico, y rechazara totalmente las pantallas digitales? Se hubiera quedado muy probablemente sin trabajo. O hubiera tenido que salir a mendigarlo. Con una muy difícil reinserción.
Resistirse al cambio es un grave error, hasta una patología. Es querer atesorar los viejos logros y no perturbarlos con nada nuevo. Es como una foto del pasado, que se va poniendo amarillenta hasta volverse indescifrable.
¿Qué sucede en el amor si no nos reinventamos? Esa llama amorosa podría extinguirse y nuestra relación derrumbarse. Es por eso que la reinvención no aplica solo al mundo de las ideas, al económico o laboral sino que llega a interferir con lo más irracional como son los sentimientos.
Resistirse al cambio es una reacción natural del ser humano. Una tendencia inicial. Un enemigo invisible, peligroso, ponzoñoso, que puede alcanzar dimensiones gigantescas. Pero debemos salir de ese falso punto de partida. Intentar una salida paralela, distinta pero llena de potencia y energía.
No tengan miedo de enfrentar los desafíos, de cambiar los paradigmas. Se puede experimentar un cosquilleo, una sensación temerosa, pero es mucho mejor que quedarse petrificado y anulado. La inacción es tan peligrosa como la innovación radical.
Es por eso que prefiero perder intentando, que ganar por un azar peligroso que me puede llevar a una derrota duradera. Es preferible perder una batalla, pero ganar definitivamente la guerra.