El proceso creativo

A menudo me preguntan sobre cómo se inspira y crea un
escritor. ¿De dónde saca las historias,
y cómo las inicia? Lo que comúnmente denominamos proceso creativo.
A decir verdad, es un proceso totalmente irracional. No tiene reglas, ni procedimientos a seguir. La inspiración aparece sola sin pedir permiso, y sin avisar. Puede ser en cualquier momento y lugar. Solo hay que estar atentos, y alertas.
Como mecanismo generador busco tener mi cabeza siempre en funcionamiento. Siempre activo, pensando, memorizando, yendo al futuro. Por suerte hasta ahora en todos esos procesos, que incluyen ser un gran observador de la realidad, han aparecido ideas, disparadores de historias que terminan teniendo vida propia. Los personajes se independizan y toman vuelo por sí solos. Tienen autoridad y palabra, se transforman en protagonistas por fuera del autor, que termina siendo un mero espectador de los acontecimientos. Quizás hasta el lector tenga más protagonismo que el autor, ya que conjetura, reflexiona, lo hace propio. No así el autor, quien termina siendo solo un observador curioso de los hechos, sin siquiera poder participar en lo más mínimo. Pero en ese proceso creativo se va llenando, culturizando, sintiendo vivo a través del otro. Es un juego de misterio, de retroalimentación en el cuál los protagonistas salen fortalecidos, dejando al autor satisfecho, pero débil como un supermán con 'criptonita'. Queda agobiado, extenuado, pero feliz. Con la misma expectativa que el lector, esperando que los protagonistas le vayan contando a través del teclado o la lapicera que es lo próximo que les va a pasar. Una mano, unos dedos que funcionan autónomos y dejan al escritor por momentos escindido de su propia personalidad. Un alienado del disfrute, un agradecido de poder seguir casi en primera persona lo que sucede en cada historia en la que le van dando letra.
¿Si tenemos garantías de éxito? ¿Si tenemos garantías de una nueva historia? La respuesta es tajante. NO, no la tenemos. Es el mayor miedo del escritor: Quedarse vacío de historias, perder la creatividad, sumergirse en aguas densas y turbias. Quedar ahí estancado en el pasado, en el cuál sí le fluyeron las ideas. Es por eso, que lo vemos en algunas películas: El escritor con el cursor titilando y sin nuevos pensamientos a la vista.
¿Cómo enfrentar esos demonios? No hay un curso para eso. Es todo autodidacta. Los grandes autores, los grandes maestros no nos podrán ayudar. No existe taller literario en el mundo que nos devuelva a la marquesina, que nos ilumine como un foco potente del escenario. Estamos debajo, mirando atónitos una obra en la que ya no somos más protagonistas, ni siquiera un espectador dormido. Pero hay que seguir viviendo, y de allí surge la inspiración. De lo que vemos, escuchamos, de la interacción con otros seres humanos sintientes. De nuestro pasado que acumula y acumula anécdotas, recuerdos, frustraciones, éxitos. Un combo tan extenso y profundo como nos animemos a arriesgar. Porque quien se queda paralizado difícilmente cree algo. Quien viva solo del recuerdo no merece vivir, porque ya está casi muerto.
Es por eso que mi mensaje es alentador. Hay que seguir viviendo, nutriéndonos de nuevas historias, de los comentarios de los demás, de nuestro propio espejo. Que manipulamos el recuerdo, no cabe duda de eso. Que lo construimos a nuestra conveniencia es una gran verdad. Como a esos presidentes que les escribían el diario, nosotros nos construimos seguramente un pasado mejorado para gozar de un presente más auspicioso. Pero, ¿quién podrá criticarnos, si esos mecanismos nos sirven? Pienso particularmente que nadie podría criticar eso. Y si lo hacen, está en nosotros censurarlo, convertirlo en algo inexistente.
El artista necesita expresarse, francamente, sin miedos, sin condicionamientos. Si los tuviera y se condicionara, dejaría en mi opinión de ser artista inmediatamente. Que los críticos siempre existen y existirán es una gran verdad; sobre todo porque el arte es abstracto y da lugar a múltiples interpretaciones. Pero también necesitamos de ellos. ¿Acaso si nos dijeran que todo lo que hacemos está bien, qué nos pasaría? Nos volveríamos autómatas, sin sentimientos. Creeríamos que somos los mejores, invulnerables. Lo cual es una gran mentira.
¿Como me quiero ver en el espejo? ¿Quién soy? Son preguntas que se puede cuestionar el escritor. Lo bueno es que mientras se va descifrando, mientras es consciente de sus propias limitaciones, va en busca del más allá, de los imposibles, de los absolutos que buscaba 'Sábato' en cada uno de sus textos. Y el autor se eleva, se transforma en otro; en uno mucho más completo y complejo. En fin, se transforma en una mejor versión, aunque esos crecimientos siempre conllevan dificultades, trabas, blancos mentales, un popurrí de cosas y sensaciones que le son propias y que con nadie comparta. Nadie más que consigo mismo.
El autor:
Christian G. Carollo
@elpilotoqueescribe
Ya mutando en el "escritor que vuela".
Continuará…