Celulares: ¿Aliados o enemigos?

31.10.2020

Actor principal en 'Tiempos de pandemia', y no se trata justamente de una película de Netflix este aparato se está convirtiendo en un compañero inseparable de cada uno de nosotros. Lo que debemos determinar o discernir es si se trata de un compañero amigable, positivo, o simplemente un elemento útil pero que puede transformarse en nocivo. Ya que muchas veces genera una dependencia descomunal.

Todo nos llega por ahí: las novedades laborales, las ofertas del súper, las promociones bancarias, los pagos. Ah por si nos olvidábamos las llamadas telefónicas.

Es que este aparato antes de convertirse en smartphone se utilizaba para hablar por teléfono, y ya casi perdió ese fin. Vemos gente por la calle como verdaderos sonámbulos con el aparato cerca de la cara; hablarle como si fuera el zapatófono de 'Maxwell Smart' (el recordado súper agente 86) pero no lo es. Se transformó en mucho más que eso. Esa persona que le habla a su smartphone como si fuera un objeto animado no está haciendo otra cosa que un monólogo que va a ser enviado por whatsapp. La duración cotiza en bolsa, así vemos a personas tímidas, desinhibidas hablando al éter por varios minutos. Si son más de cinco mejor todavía. Es el entretenimiento de la soledad compartida. Ya sea porque empezó como algo 'cool' o no, se terminó instalando. Y cada vez son más los oradores sin público que le hablan a este aparatito que ya no es tan chico como el que se caía en la sopa y había que avisarle al mozo, sino todo lo contrario. Ahora hay que exhibir tamaño, fundas excéntricas, auriculares inalámbricos cada vez más costosos para no quedar fuera de la movida.

Sea Samsung o Iphone, las dos marcas que se disputan la hegemonía telefónica, hay o había hasta antes de la pandemia una compulsión irreversible a mostrar el último modelo, porque la consigna era mostrar. Un símbolo tonto de estatus disputándole el lugar al bien más preciado de antaño que era el auto.

Lo cierto es que el celular modificó conductas, nos hizo más neuróticos, nos llena de radiación y nos expone al robo. En mi caso pago una cuota mensual por robo de celular. Sí, lo tengo asegurado en el Banco, ¿A quién se le hubiera ocurrido?

Mientras por un lado nos brinda grandes beneficios, nos mantiene enlazados (no diría comunicados), por otro nos convierte en autómatas. Personajes dependientes. Me resistí por mucho tiempo a la compra del smartphone. No le veía utilidad. Pero me estaba quedando afuera de un montón de cosas. Lo mismo me sucedió con el Whatsapp. Y ahora casi sin quererlo me convertí en un Instagramer de 500 seguidores y creciendo día a día, obligado por mi audiencia a subir contenido cada no menos de 48 ns. Un trabajo no remunerado, que parece casi necesario aunque todavía no desentrañé por qué.

Es decir que el celular ahora me ordena, me arma la agenda. La vieja 'Morgan' de cuero, la que daba estatus quedó por ahí olvidada. Ya no le compré más repuesto.

Haciendo un breve raconto puedo enumerar que pasamos por el beeper, por la Palm, el BlackBerry, y ahora por el smartphone. La pantalla touch se terminó de imponer, y este teléfono inteligente me pide sacar fotos a cada momento, atacando mi propia voluntad. Una colección interminable que nunca se imprime, y quizás se borren todas con un 'click involuntario', o queden obsoletas con nuevos formatos como pasó con los los cassettes de música o los VHS de las videocaseteras. Material olvidado, lleno de polvo que ocupa espacio en las casas de los 'acumuladores'. Esos nuevos o no tan nuevos prospectos que acumulan cuánta cosa pueden pensando que todo sigue teniendo o aumentará su valor.

No nos damos cuenta que lo importante es lo que vivimos, no lo que documentamos, y la tecnología muchas veces nos adelanta pero también atrasa en esta búsqueda constante del progreso que muchas veces nos lleva por delante.

Dejo acá mi nota. Perdón, pero me entró un Whatsapp...

Christian Carollo

Piloto de línea aérea/escritor

www.elpilotoqueescribe.com.ar